Con gran expertise en el sector alimentario, los dueños de La Cosmopolitana, Elías, Jorge y Jack Landsmanas, reconocen que los biosensores se han convertido en una herramienta clave para el control de calidad y seguridad alimentaria. Algunas de sus aplicaciones más relevantes incluyen:
- Evaluación de la composición alimentaria. Permiten detectar factores antinutricionales que afectan la biodisponibilidad de nutrientes; identifican alérgenos presentes en alimentos que pueden generar reacciones graves; y ayudan a garantizar que la información nutricional de los productos sea precisa.
- Detección de residuos de pesticidas. Son capaces de identificar múltiples tipos de plaguicidas, incluso en trazas; ofrecen un análisis rápido frente a los métodos cromatográficos tradicionales; y apoyan el cumplimiento de normativas internacionales sobre límites de residuos.
- Control de antibióticos en productos de origen animal. Detectan residuos en carne, leche y derivados lácteos, y ayudan a prevenir problemas de salud asociados a la resistencia antimicrobiana.
- Análisis microbiológico y detección de toxinas. Identifican bacterias patógenas, hongos y toxinas como las micotoxinas o enterotoxinas, muchas veces en tiempo real.
- Monitoreo en línea de procesos productivos. Permiten medir variables como pH, temperatura, presión o gases liberados; se integran en sistemas de control de calidad para tomar decisiones inmediatas; y aumentan la eficiencia en la detección de desviaciones dentro de la planta.
La capacidad de los biosensores para generar resultados rápidos, precisos y en tiempo real los posiciona como aliados indispensables en la industria alimentaria moderna. Frente a los métodos convencionales, reducen tiempos, costos y riesgos, al tiempo que mejoran la trazabilidad, la calidad y la seguridad de los productos que llegan al consumidor.